¿Cómo no sentirme feliz y privilegiado de ser profesor?
Hola mi nombre es Jorge Iturra aunque
soy mucho más conocido como el profe Iturra o simplemente Tiiiiioooo!!! La
verdad es que desde que era adolescente que sentía que ser profesor podía ser
mi destino, pero mi padre que es profesor siempre me insistía en lo malo que es
la calidad de vida de los profesores, así que no me animaba mucho!!! Por lo que
estudié otras carreras antes de formarme como profesor, ahora les contaré mi
historia.
Mientras me forjaba a fuego lento
como profesor de ciencias en la UMCE, no pude aguantar más y me metí de cabeza
a conocer el mundo de enseñar. Gracias a Dios en la universidad tuve muy buenas
amigas y amigos que me apoyaron siempre, como siempre andaba despistado ellas
me fotocopiaban los cuadernos, me avisaban cuando no había clases, hasta me
justificaban si me quedaba dormido y un montón de etceteras!!!!
Mis primeros años de profesor
estuvieron ligados a programas de gobierno como el PRODEMU y el Chile Califica,
trabajé arduamente con dueñas de casa de campamentos y tomas de Cerro Navia,
Pudahuel y Renca, sentía que la sangre de ser tercera generación de docentes en
mi familia corría briosa por mis venas, enseñé alfabetización digital,
biología, matemáticas, física y química.
La idea era enseñar estar ahí con
cambiar el país y no ser como mis compañeros que hablaban mucho pero actuaban
poco; además, debía reconocer que era un privilegiado al tener la oportunidad
verdadera del cambio en mi país.
Pero llegó el día que me enfrente
a la cruda realidad de la educación chilena, verdaderas factorías de niños en
donde lo importante no era educar, si no mas bien mantener a los 45, 46, y
hasta 48 niños dentro de la sala sin importar si estabas enseñando o destruyendo,
formando o deformando.
Trabajé en varios colegios lo que
me sirvió para darme cuenta de que la realidad era aplastante y mas común de lo
que nunca hubiese imaginado, mis pensamientos empezaban a ser invadidos por la
desazón y la tristeza de enfrentar esta realidad, hasta que un día por azares
del destino llegue como un humilde profesor a la jornada vespertina del Colegio
San Luis Beltrán. Ahí por convicción propia, renové mis energías y mi entrega a
los adultos de este colegio, quienes llenos de ilusiones, desafíos y de metas
incumplidas necesitaban una palabra, una enseñanza certera pero al mismo tiempo
acogedora para probarse a sí mismos que pueden logar terminar su educación
media.
Por primera vez tuve un
laboratorio para enseñar, también aprovechaba de usar un data show al que jamás
había tenido acceso, realmente sentía en lo profundo de mi corazón que este era
un lugar diferente.
Una noche el director conversó
seriamente conmigo para ofrecerme tomar unas poquitas horas en la jornada diurna,
ya que el colegio iba creciendo y necesitaba profesores para esta magna tarea.
Al llegar a la jornada diurna fue
un verdadero despertar, pude ver que las cosas eran diferentes, mi corazón se
hinchaba día a día de alegrías y nuevos desafíos, un sistema educativo basado
en la resiliencia, una profunda espiritualidad ignaciana, la solidaridad, el
compañerismo y la excelencia se transformaron en mis ejes de vida docente, aquí
tengo la oportunidad de no solo enseñar ciencias si no que también de formar a
mis alumnos para que ellos den sus propios frutos, pero que esos frutos sean
los mejores que ellos puedan dar.
Cada uno de mis niños y niñas me
presentan un reto diario de entrega y excelencia, con ellos no puedes tener
días malos, no puedes estar cansado, ¡ni menos no tener tiempo para ellos!, ya
que se encargan de exigirte día a día que seas tan bueno como has sido siempre.
En lo formativo he sido el
profesor encargado del grupo SUBE (montañismo), también he tenido la
oportunidad de acompañar al centro de alumnos, de ir varias veces a la caminata
de los Andes, de construir media aguas para un techo para Chile e incluso de ir
a trabajos de verano con los niños, estas instancias me han engrandecido, he
llorado y he reído con los niños, me han contado problemas que harían llorar
hasta al más duro, siempre con franqueza hemos conversado y aunque ustedes no
lo crean, los niños no siempre me cuentan sus cosas para recibir un consejo,
muy habitualmente lo hacen solo para que los escuche, los acoja y les de un buen
abrazo.
Hoy en día mi destino me ha
llevado al colegio Universitario Inglés donde debo enseñar a niños y niñas que
a pesar de no poseer una precariedad material, necesitan un profesor que los
guíe hacia su vocación, los acompañe y los haga dar lo mejor de si mismos para
encontrar la felicidad a la cual estamos llamados.
Además trabajo en el DEMRE
creando preguntas para la PSU de biología, lo cual ha sido exigente pero he
aprendido in situ de los grandes científicos que forman la comisión.
Fundamental ha sido el apoyo de
explora-conycit en mi posterior formación, en especial proyectos como “tus
competencias en ciencias”, iniciativas que pueden enseñarte mucho a cambiar el
prisma con el cual miras la forma de enseñar ciencias.
¿Cómo no dar lo mejor de mí?,
¿Cómo no jugármela día a día?, ¿Cómo no sentir a Cristo en cada niña o niño que
me necesita?, ¿Cómo no ayudar a que cada uno forme su proyecto de vida?, ¿Cómo
no sentirme vivo, feliz y privilegiado de ser profesor?

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