martes, 22 de enero de 2013

feminizacion docente:



                             FEMINIZACION DOCENTE:





Hay que empezar por reafirmar, por cierto, que se trata de un proceso,
no de un estado, pues todavía no ha terminado ni se atisba su fin (salvo en la
educación infantil, donde, siendo las mujeres la práctica totalidad del profesorado, ha habido de hecho una ligerísima disminución al colarse una minoría
masculina con su incorporación a la oferta obligatoria —son empleos deseables,
sobre todo si son públicos). En todos los demás niveles y especialidades, la  feminización sigue avanzando, si bien es verdad que va más adelantada en los niveles inferiores de la enseñanza  ( en primaria, ½ en secundaria, en superior), en las categorías inferiores del profesorado, en las materias humanísticas
o blandas, en los centros privados y en lo que no son funciones directivas.
Hablamos de feminización porque, aunque las mujeres ya se incorporaron masivamente a la docencia al tiempo que o hacían a la discencia (mastras que educaban a alumnas), su proporción ha superado con mucho la mitad en lo que
fuera un nivel segregado por sexos (la primaria) y su proporción en la población activa en todos los demás.

Las causas

La primera razón aparente de este fenómeno es que se trata de la proyección pública de una función doméstica tradicionalmente femenina. Se concentran las mujeres en la enseñanza como lo hacen en la sanidad, la asistencia
doméstica o el trabajo social, entre otros servicios, o en el textil y la confección,
por mencionar un par de sectores fabriles. Se trata de un proceso similar al que
antes sacó a los hombres de la economía familiar: de producir como campesinos
para sí mismos, y como tales o como artesanos para el mercado, pasaron a incorporarse a la cooperación (la producción colectiva) y la división del trabajo
(el intercambio), lo que multiplicó el potencial de producción y consumo. De
manera análoga, podemos contemplar la escolarización masiva de la infancia y
la feminización de la docencia (así como otros servicios públicos del Estado social) como un proceso de socialización de las tareas domésticas, asumido por las
mismas protagonistas, y que libera tiempo de trabajo para su incorporación a
la economía extradoméstica o a otras tareas domésticas y familiares. Aquí se
reúnen un proceso de hecho (las mujeres socializan sus propias funciones) y un
estereotipo (se las supone más capacitadas para esa función —y menos para
otras).
Al mismo tiempo, se trata de un trabajo (al igual que el de los otros servicios mencionados: sanidad y trabajo social) que se realiza esencialmente en
contacto con personas, en instituciones totales o tutelares (que organizan toda
o una parte importante de los institucionalizados), que comprenden componentes tanto afectivos (protección, empatía, etc.) como de cuidado personal
(ayuda, higiene, contacto con enfermos o marginados). La autoridad que conlleva el hecho de tratarse de instituciones se ve atemperada porque sólo va a
ejercerse sobre personas, en cierto modo, disminuidas (niños, enfermos, marginales), lo cual permite que no sólo mujeres sino varones se vean sometidos a
ella sin que quiebre el principio patriarcal general del predominio masculino.Cabe pensar que la feminización obedeció también, en su momento, al
propósito de conseguir trabajo barato para una enseñanza que se iba masificando y que, por tanto, iba a requerir grandes cantidades de mano de obra (lo
cual resulta acorde con que vaya al paso de la masificación de los distintos niveles: primaria, secundaria, universidad). Sin embargo, los salarios reales de los
profesores no universitarios, y sobre todo los del magisterio, han aumentado
sustancialmente desde los tiempos en que se hablaba de pasar más hambre que
un maestro de escuela ( se han triplicado, prácticamente, desde los sesenta), y
hoy resultan relativamente altos en comparación con el conjunto de la fuerza
de trabajo, mucho más si se tienen en cuenta el calendario y la jornada reales.
La paradoja es que, aunque la feminización más el carácter del servicio nominal
que la escuela ofrece (la instrucción) bastarían para hacer del sector un paria
sindical, dada la teórica irrelevancia de sus huelgas (siempre cabe estudiar en

casa lo que no se ha estudiado en la  escuela, o explicar lo mismo en menos
tiempo), el servicio real (la custodia) es socialmente imprescindible y coloca al
público automáticamente a su lado con tal de evitar su interrupción, lo cual los
convierte en atletas sindicales

CONSECUENCIAS:


La feminización, por otra parte, tiene consecuencias de distinto signo y
sobre diversos aspectos del peoceso educativo y sobre sus funciones para con la
sociedad.
Entre las consecuencias positivas seguramente hay que contar la de facilitar la transición del niño de la familia a la escuela. Puesto que en aquélla es la
madre quien habitualmente se ocupa de los hijos, y puesto que son las mujeres
quienes normalmente han aprendido las habilidades y han adquirido las disposiciones necesarias para hacerlo, la continuidad madre-maestra facilita la transición del niño desde el entorno conocido y cálido de la familia al entorno nuevo e impersonal de la escuela. Huelga decir que esto es así sobre la base de la
división patriarcal del trabajo preexistente (o sea, que lo sería también si, ocupándose por tradición los padres de los bebés, la enseñanza se masculinizara).
Es también probable que la feminización de la docencia haya facilitado la
adopción de pedagogías blandas. Las corrientes pedagógicas progresivas, activas, no directivas, etc. encajan mejor (del lado docente, al contrario que del lado discente: véase Rousseau y su nada sutil distinción entre la educación de É-
mile y la de Sophie) con los presuntos atributos de la feminidad que con los de
la masculinidad. En sentido contrario, la máxima de que la letra, con sangre
entra se compadece mejor con los estereotipos de la virilidad que lo contrario.

fuente: campus.usal.es/~mfe/SdE/Archivos/Clases/08Feminizacion.PDF

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