Feminización
de la docencia.
Un fenómeno ampliamente documentado en los países occidentales es
la llamada feminización
docente, entendida como la incorporación mayoritaria de mujeres a la
enseñanza elemental, en comparación con los hombres. A finales del siglo XIX,
gran cantidad de jóvenes ingresaron al mercado laboral como profesoras de
primaria en varios países industrializados (75% del total de docentes en
Estados Unidos, 68% en Italia, 66% en Inglaterra y 65% en Canadá) (Albisetti,
1993).
La primera explicación que
se dio a la feminización docente fue de carácter económico: las mujeres tomaban
los puestos que los hombres rechazaban. Por ejemplo, Schmuck (1987:75–76)
argumentó para el caso de Estados Unidos que: "La industrialización generó
mejores oportunidades de empleo para los hombres que el trabajo docente".
Otro argumento fue su disposición natural, en tanto madres, al cuidado de los
menores (Albisetti, 1989; Preston, 1993).
Las anteriores
explicaciones fueron matizadas posteriormente, ante la evidencia de que en
otros países –también industrializados– la participación de maestras era
bastante menor como en Dinamarca (28%) o Alemania (29%), señalando que algunas
políticas de contratación limitaban el ingreso de mujeres a la docencia; por
ejemplo, en las primarias germanas decimonónicas no aceptaban mujeres casadas
(Harrigan, 1992; Van Essen, 1999; Hoock–Demarle, 1993).
Especialistas en el tema
recomiendan que para una mejor comprensión del proceso de feminización docente
en el siglo XIX es necesario analizar diversos factores entreverados como la
formación profesional, las políticas de contratación, estatus y salario y la
ubicación de las escuelas (rurales–urbanas) (Albisetti, 1993; Harrigan, 1992;
Sager, 2007).
Para el caso de México,
historiadoras del periodo han señalado la creciente participación de mujeres en
la enseñanza elemental (Bazant, 2002a; Chaoul, 2002; López, 1997; 2008).Bazant
(1993:144) comenta que "las mujeres fueron desplazando a los hombres en el
magisterio […] esto se debía a que la carrera de normalista era bien vista por
la sociedad [para las jóvenes], por ciertos rasgos de carácter como el amor y
la bondad […]". En la misma línea Galván (2002:111) destaca "se
pensaba que la carrera del magisterio era apta para las mujeres".
Las cifras: personal docente de las escuelas primarias en el DF
(1875 y 1905)
La educación en el periodo
era unisexual: había escuelas de niños, de niñas y unas cuantas mixtas. Una
revista educativa hacía en 1874 claras recomendaciones al respecto:
En los pueblos pequeños, donde no sea posible tener distinta
escuela para los discípulos de diferente sexo, debiendo estar reunidos en la
misma sala, es preciso separarlos rigurosamente por medio de un tabique
bastante elevado (La Enseñanza. Revista Americana de Instrucción y Recreo,
1874:102 ).
El director de
Instrucción, José Díaz Covarrubias reporta en 1875 que en el país trabajan más
de 8 mil preceptores en
primaria, de los cuales "sólo una cuarta parte son mujeres y
sirven las escuelas de niñas y el corto número de las escuelas mixtas". En el Distrito Federal trabajaban 167
docentes de primaria, de ellos 56.8% eran mujeres Treinta años después, de mil
46 docentes, 76.2% del personal de primaria eran mujeres (gráfica 1).
¿Cómo y por qué las maestras llegaron a ser mayoría?
Oportunidades educativas
para las niñas/espacios laborales para las mujeres
Es conocido el impulso que
el gobierno de Porfirio Díaz dio a la educación elemental,17 lo que no se ha dicho, es que esta
política benefició especialmente a las niñas. En 1875 había matriculados en
escuelas primarias del Distrito Federal 12 mil 255 estudiantes, de los cuales
33.3% eran niñas; cada escuela era atendida por un solo docente (Díaz
Covarrubias, 1875). Para 1910, había 52 mil 80 estudiantes matriculados en
primaria elemental, de los cuales 50.7% eran niñas (Informes presentados al
Congreso Nacional de Educación Primaria, 1911).18 Para entonces, las primarias
elementales comprendían cinco grados y había un ayudante por cada grado.
La escolarización de las
niñas generó espacios laborales para las mujeres. Como comenté anteriormente,
había tres tipos de escuelas primarias: de niñas, de niños y mixtas. En treinta
años (1875–1905) se abrieron 85 nuevas primarias para niñas (contra 45 de
niños) en el Distrito Federal (gráfica
2), lo que implicó una buena cantidad de espacios laborales para las
maestras.19
Una norma no escrita que
se siguió en el periodo fue que el director de las primarias de niños fuera
siempre un hombre y los ayudantes eran hombres o mujeres. En las
primarias de niñas y mixtas, tanto directoras como ayudantes eran todas
mujeres.
Entre 1875 y 1905 en la
Ciudad de México se incrementó en 42% la cantidad de escuelas primarias; en el
resto de los municipios el aumento fue de 66%. El crecimiento sustantivo se
presenta a partir de 1896, cuando las escuelas pasan a depender de la DGIP.
http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S1405-66662009000300005&script=sci_arttext
Oscar Alfonso Moreno Loera



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